LA RESISTENCIA AL EXTRACTIVISMO EN ECUADOR

Ecuador es un país donde el petróleo representa el 17% del PIB y el 55% de las exportaciones, y en el que esta en marcha una nueva era extractivista con la apertura inminente de megaproyectos mineros.

Mirado desde la historia, Ecuador, al igual que muchos países de la región, el saldo de ese modelo extractivista ha sido catastrófico, no se cumplieron las expectativas de crecimiento, industrialización, modernización, reducción de la pobreza y de la desigualdad.

 

Esperanza-Martinez

Esperanza Martínez

Esperanza ha realizado estudios de biología y jurisprudencia, cuenta además con un diploma superior en auditorías ambientales por la Universidad de Aberystwyth. Es fundadora de la organización Acción Ecológica, de la red Oilwatch y de la Oficina de Derechos de la Naturaleza. En los últimos años se ha constituido como un referente en la discusión nacional e internacional sobre las políticas públicas que favorecen a las actividades extractivas.

 

 

El extractivismo es una palabra difícil de pronunciar y una política difícil de superar. En general las críticas al extractivismo no son nuevas. Tienen que ver con las críticas al desarrollo, la crítica a la colonialidad y la búsqueda de alternativas al desarrollo. Como otros “ismos” expresa más que una actividad, que profundiza la idea de extracción. Se convierte en una categoría que permite explicar y mantener el saqueo, la acumulación, la concentración, la destrucción y la devastación, colonial, así como la evolución del capitalismo moderno.

El término de extractivismo se refiere a actividades que remueven, grandes volúmenes de recursos naturales que no son procesados (o que lo son limitadamente), sobre todo para la exportación en función de la demanda de los países centrales, cuando se habla de extractivismo, lo comúnmente aceptados se refiere a las actividades intensivas de extracción de minerales y a las actividades petroleras.

El extractivismo, ha sido un mecanismo de saqueo y apropiación colonial y neocolonial. Este extractivismo, que ha asumido diversos ropajes a lo largo del tiempo, se ha forjado en la explotación de las materias primas indispensables para la industrialización masiva y el bienestar del Norte global.

Se lo ha hecho sin importar los impactos nocivos de los proyectos extractivistas, así como tampoco el agotamiento de los recursos. La mayor parte de la producción de las empresas extractivistas en el Sur global no es para consumo en el mercado interno, sino que es básicamente para exportación. En el Ecuador esta historia tiene actores e historias claramente reconocidos.

Una de las historias lacerantes de la actividad petrolera en Ecuador, fue la que se vivió con la explotación petrolera de Texaco, empresa que fue después comprada por Chevron, al finalizar sus operaciones los campesino e indígenas demandaron a la empresa por los daños ambientales provocados durante sus 26 años de operación, en el norte de la Amazonía

Del juicio contra la Chevron-Texaco, cuyas inspecciones judiciales terminaron,1 no sólo tenemos las imágenes y testimonios de lo desastroso de estas operaciones, sino que hoy sabemos el alto costo de la reparación, actualmente calculada en 27 mil millones de dólares2 (es decir nueve veces más de lo propuesto por el presidente Correa como compensación para no explotar el Yasuní )3. El costo de la reparación – que parecería una cifra astronómica– es normal, según los demandantes, e incluso bajo si se comparan los daños ambientales de Ecuador con la magnitud de los daños y otros procesos de reparación en los Estados Unidos.4

Con las imágenes de piscinas llenas de petróleo, de enfermos de cáncer y de tuberías corroídas que nacían en la Amazonía y se dirigían a la refinería de esmeraldas, nació en el Ecuador una crítica al petróleo.

Cuando pretendió explotarse el Yasuní, desató una serie de iniciativas para impedir que esta vez se destruya el Yasuní. Los mismos habitantes de las zonas afectadas decían “Lo que pasó aquí, no en Yasuní”

Nació así la iniciativa Yasuní ITT que básicamente proponía no explotar el crudo de esa parte del Yasuní, y en su lugar promover que los países industrializados contribuyan con fondos para el Ecuador, en la medida en que con este esfuerzo del país no solo se conservaba la biodiversidad local, sino que se protegía el clima global. Esta iniciativa fue recogida por el Gobierno naciente.

La propuesta de no explotación del crudo colocaba en el corazón de las discusiones varios elementos perversos del modelo extractivista:

  • Los impactos que genera a nivel local y global
  • El dinero de fácil gasto que suponen los ingresos por concepto de explotación de las riquezas no renovables
  • El verdadero papel y resultado de las inversiones
  • La destrucción de la naturaleza, los territorios y las de sustento de los pobladores locales.

La iniciativa de no explotar el crudo cobró tanta relevancia a nivel internacional que George Monbiot en el 2007, conocido analista petrolero, escribió en el periódico británico The Guardian: 

“Señoras y señores, ¡tengo la respuesta! ¡Por increíble que parezca, me he topado por casualidad con la única tecnología que nos salvará del cambio climático desenfrenado! Sin patente, sin letra chica, sin cláusulas escondidas. Esta tecnología –una nueva forma radical de capturar y almacenar carbono– ya está causando revuelo entre los científicos. Es barata, es eficiente y se puede aplicar de inmediato. Se llama... dejar los combustibles fósiles en el subsuelo”

 La propuesta de no explotar el Yasuní motivó a muchísimas organizaciones y colectivos juveniles. Se organizaron campañas que, por ejemplo, se lanzaron a colegios y escuelas para hablar de los impactos de la actividad petrolera (con las imágenes de Chevron Texaco) y de la riqueza del Yasuní con su inconmensurable biodiversidad. La iniciativa Yasuní se presentaba en los diferentes foros nacionales e internacionales.

Bajo el lema “Yasuní depende ti”, se impulsó la recolección de firmas en gigantografías: firmas con marcador verde que iban llenando el paisaje para convertirse en imágenes de un tupido verde, como el de la selva. Con el lema de Mi futuro Yasuní se recogieron contribuciones en escuelas con pequeñas alcancías.

Pero a pesar de los esfuerzos de la ciudadanía, la iniciativa fue liquidada, no por falta de cooperación internacional como fue el argumento, sino porque la industria petrolera ya había construido toda la infraestructura para arrancar con la extracción, se habían hecho acuerdos con las empresas chinas, y el crudo estaba comprometido.

Arrancó entonces la petición de una consulta popular, para decidir si se quería o no la explotación petrolera en el Yasuní Bajo la campaña de “tu firma por Yasuní”, se recogieron 750.000 firmas, pero estas fueron desechadas, con un gran fraude electoral, que fue resumido en el mensaje: Democracia en Extinción.

Se mantienen vivos los esfuerzos por parar la frontera de extracción dentro del Yasuní, a pesar de que, en una parte, ya se inició la extracción.

 

1 La última inspección se realizó en el campo Guanta el 26 de marzo de 2009.
2 El perito Richard Cabrera, ingeniero geólogo, tuvo por encargo de la corte identificar los impactos y valorar los costos de la reparación.
3 El costo fue presentado por el perito de la corte en 2008, como un estimado de lo que Chevron debería pagar dentro de la demanda.
4 Los demandantes citan ejemplos en Hanford en el estado de Washington, que costaron entre 53 mil millones y 63 mil millones de dólares, según datos del Ministerio de Energía del Gobierno de Estados Unidos en el año 2007.

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Etiquetas: Análisis

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