EL DESCONOCIMIENTO EL PRINCIPAL ENEMIGO DE NUESTROS MARES

Con alegría recibo la noticia de una de mis estudiantes de tesis que la puesta de una tortuga marina en la turística playa de Crucita ha llegado a eclosionar. Una alegría nos invade ver las diminutas tortugas o neonatos saliendo del cascarón y buscando intuitivamente la luz del mar, en donde la probabilidad de ser depredadas disminuirá considerablemente.
Lamentablemente no todas las noticias tienen un final feliz, muchas de las tortugas están poniendo sus huevos en sitios demasiado contaminados por el ser humano.

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Eduardo Barahona Medina
Eduardo Barahona es PhD en conservación de recursos naturales en la Universidad Rey Juan Carlos Madrid España. Tiene Maestría en Ciencia y Tecnología Ambiental en la misma universidad y una licenciatura en Ciencias Biológicas en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Se ha desempeñado como investigador en el área de ecología y reproducción vegetal. Actualmente es director de la carrera de Biología Marina de la Pontificia Universidad Católica de Ecuador sede Manabí, ubicada en Bahía de Caráquez.


 

 

Y no me refiero sólo a la contaminación por basura, principalmente plásticos como sorbetes, vasos o botellas que han facilitado la vida de la civilización humana, pero se han convertido en una verdadera amenaza para estos organismos marinos. Me refiero también a la luz, al ruido de las grandes ciudades y aunque no lo crean al desconocimiento de la naturaleza.

La luz de los carros, del alumbrado público en los malecones o simplemente del curioso turista con los flashes de sus cámaras, hace que el inexperto neonato de tortuga confunda el más con la carretera, el malecón o la cámara. Esta luz artificial desorienta al vulnerable reptil por un camino que le conduce a la muerte. Una muerte que siempre estará presente a lo largo de su vida pero que es aún más evidente en la arena del mar contaminada por el hombre, tal vez más destructivo que la misma basura plástica.

Hay gente que con algo más de sensibilidad pero desgraciadamente con un desconocimiento total de la naturaleza, quiere causar un efecto positivo y logra lo contrario, un efecto destructivo. Muchos piensan que si cogen a la tortuga recién nacida en sus manos y la llevan al mar están ayudando. Desgraciadamente no es así, el neonato debe caminar por sus propios medios para fortalecer sus músculos y poder desplazarse en el mar huyendo de sus posibles predadores. Si el neonato no hace el recorrido por sí solo hasta el mar no tendrá la fortaleza necesaria en sus patas que han evolucionado como aletas para desplazarse en el mar. La buena voluntad no siempre es la solución a este problema.

Un dato más de vital importancia, el neonato registra la distancia recorrida desde el nido hasta el mar en su memoria, pues sorprendentemente la hembra adulta cuando esté lista para salir del mar para poner sus huevos, recordará la distancia que recorrió cuando salió del cascarón para calcular el lugar ideal donde sus huevos podrán tener éxito hasta llegar a eclosionar.

Este es sólo un ejemplo de tantos que el ser humano desconoce y por el cual no ha logrado convivir en esta casa común, que es nuestro planeta, en una relación de respeto con sus cohabitantes. Nuestra visión egoísta ha puesto al ser humano como centro de este planeta, y ha querido que todo gire en torno a nuestra comodidad, confort, progreso mal entendido. Es hora ya de ampliar nuestra visión y llevar la mirada no sólo a los bosques, montañas, sino a los mares. Es ahí donde el ser humano está en menor densidad, y tal vez por eso desconoce mucho de sus habitantes y de lo que está pasando.

Es terrible ver esas islas artificiales de basura plástica cubriendo la superficie de los océanos. Es aún más ver a investigadores buceando no entre arrecifes coralinos, entre cardúmenes de variados colores y formas, sino verlos esquivando toneladas de basura que flotan y se hunden en el mar. Rompe el corazón ver ballenas, delfines, tiburones sin aletas, o atrapados en redes que son verdaderas trampas de muerte indiscriminada.

Nuestro país Ecuador no está excluido de estas escenas dantescas que nos llegan por redes sociales. Hace poco fuimos testigos de una pesca indiscriminada en nuestro tesoro natural que constituye el archipiélago de Galápagos. La ambición económica no respeta las áreas protegidas, así como los animales no entienden de límites territoriales o de áreas impuestas por el hombre. Hay tanto por hacer, tanto por investigar, tanto por descubrir en este territorio tan desconocido para quienes nos hemos adaptado a hábitats terrestres, nosotros los mayores depredadores o mejor dicho devastadores del planeta.

Tenemos riquezas incalculables en esas aguas profundas del océano, en esos entornos marino-costeros, en nuestros estuarios, esteros, manglares, ríos, lagunas y humedales. Es más, ni entendemos la diferencia entre estos ecosistemas, y lo que es peor desconocemos sus habitantes y su comportamiento. Esa es la idea con este artículo, comprender que el desconocimiento es la peor amenaza, pues nadie ama lo que no conoce. Es ahora el momento de acercarnos a esos otros mundos en donde el agua es la fuente de vida y donde nosotros aún podemos convivir sin contaminarlo.

 

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Etiquetas: Análisis

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