LA ENCICLICA LAUDATO SI´ LA NECESIDAD DE ENTENDER Y CUIDAR NUESTRA “CASA COMÚN”

En ésta encíclica el Papa Francisco, además de hacer un recuento histórico sobre lo que ha sido el interés central de los distintos pontífices sobre el ambiente ya desde el Papa Pablo VI (hace más de 50 años), advierte con toda claridad que es necesario entender y tratar al planeta tierra “como, nuestra casa común …como una hermana con la que compartimos la existencia”.

diego mancheno

 

Diego Mancheno Ponce

Decano de la Facultad de Economía de la PUCE, fue subsecretario de Política Económica del Ministerio de  Finanzas, Director de Investigación del BCE,  Director del Instituto de la Ciudad, Docente de teoría económica de varias universidades. Master en economía por la Universidad de Londres.

 

 

 

Introducción

El Papa Francisco en un ejercicio virtuoso pleno de apertura y ecumenismo retoma los aportes de filósofos y teólogos ortodoxos como los del Patriarca Bartolomé; los de los protestantes en la palabra del francés Paul Ricoeur, las contribuciones del místico musulmán Ali al-Khawas; etc. Es decir, desde el planteamiento inicial de la problemática recoge una diversidad de aportes para lograr una comunión de intereses que permitan una profunda interiorización sobre la urgente necesidad de modificar el modo de vida, centrado hoy por hoy en el consumismo y el individualismo.

Su preocupación va más allá de los posibles impactos de la acción humana sobre la naturaleza; al preguntar: “¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo?”. Esto evidencia una clara preocupación de solidaridad inter-generacional, esencial en el tratamiento de la conservación de la casa común (haciendo una extensión de la categoría económica: “bien común”).

En este escrito se retoma varios pasajes de esta Encíclica y se los re-ordena de forma tal que permitan hacer una lectura muy sintética de algunos aspectos relevantes relacionados con los desafíos que nos plantea a todos los habitantes de la tierra. Pero, haciendo énfasis a las responsabilidades de la ciencia económica y, que en este sentido nos obliga, como universitarios a recogerlos en nuestras aulas, en nuestros planes de estudio, en nuestras discusiones, en nuestros eventos, etc.

Sin duda, la encíclica es un ejercicio exhaustivo e integral en el que cada parte puede leerse en sí misma, sin perder su esencia, y el todo configura una realidad que supera a cada una de las partes. La encíclica es una invitación a una lectura crítica de la situación actual y a un desafío de entender y vivir la vida de una manera más integral; tanto en lo individual cómo en lo comunitario.

Posiblemente, la mejor frase que sintetiza esta propuesta epistemológica para entender y vivir la vida es la siguiente:

“...el mundo no se contempla desde fuera sino desde dentro”.

En el centro de esta propuesta está hacer de la casa común un espacio para la vida, una vida en necesaria armonía con los sistemas ecológicos y sociales. Esto tiene que ver con el “cuidado de la ecología y del bien común” y lograr la “armonía con la creación”, lo que exige no solo la contemplación, sino que será necesario el compromiso de ser parte de la naturaleza y de actuar en consecuencia con eso.

El texto advierte que el “libro de la naturaleza es uno e indivisible; que incluye el medio ambiente, la vida, la sexualidad, la familia, las relaciones sociales”. Es una totalidad, un sistema complejo que exige el desarrollo de nuevas metodologías para su comprensión, nuevos paradigmas para la formulación de las políticas tanto públicas, desde los estados, como privadas, desde las empresas y desde las familias u organizaciones sociales.

El medio ambiente debe entenderse en su estrecha relación naturaleza-sociedad; la naturaleza es parte integrante de un modo de vida y no algo separado de ella. Señala “estamos incluidos en ella, somos parte de ella” y “la degradación de la naturaleza está estrechamente unida a la cultura que modela la convivencia humana”. Por tanto, no se pueden separar los elementos estructurantes de la cultura, de la economía, de la política y de su contribución sea en su cuidado o en su destrucción.

En la encíclica se advierte que los recursos de la tierra (el objeto) están siendo depredados a causa de las formas inmediatistas e individualistas de entender la economía, la actividad comercial, la productiva y la financiera. Advierte que la actual es una economía centrada en la obsesión por el consumo derrochador, asentada en un paradigma en el que le desarrollo tecnológico está en función del rédito, en el que las finanzas ahogan a la economía real, y en la expectativa o esperanza de que el hambre y la miseria del mundo se resuelvan solamente con y a través del mercado.

 “ el consumismo obsesivo es el reflejo subjetivo del paradigma tecnoeconómico”.

Un segundo tema: el método de la vida

Nuevamente; la Encíclica plantea el desafío de entender a las partes en el todo y a este en cada una de ellas. Señala por ejemplo que, para actuar sobre los sistemas ecológicos y sociales se requiere “una política que piense con visión amplia, y que lleve adelante un replanteo integral, incorporando un diálogo interdisciplinario sobre los diversos aspectos de la realidad” y al mismo tiempo advierte que se debe cambiar de paradigma económico a partir de un doble reconocimiento epistemológico: “la visión consumista del ser humano alentada por la economía globalizada tiende a homogenizar las culturas y a debilitar la inmensa variedad cultural, que es un tesoro de la humanidad”.

La Encíclica insiste en el hecho de que no se pueden resolver las dificultades que estos ecosistemas presentan a través de normativas uniformes o uniformizantes, o a través de simples intervenciones técnicas unilaterales porque desatienden la complejidad de las problemáticas particulares y de sus redes. En la realidad social y natural todo está conectado y en tal virtud se debe buscar soluciones integrales, conectadas, que consideren las interacciones de los sistemas naturales y de estos con los sistemas sociales y políticos.

“ No se puede sostener que las ciencias empíricas explican completamente la vida, el entramado de todas las criaturas y el conjunto de la realidad. ... Si se reflexiona con ese marco cerrado, desaparecen la sensibilidad estética, la poesía, y aun la capacidad de la razón para pedir el sentido y la finalidad de las cosas 

Por tanto, la relación sociedad, economía y política debe redefinirse a partir del consenso de un ejercicio pleno de democracia y de participación activa de todos los actores: gobierno, empresarios, familias y comunidades debemos acordar decisiones de largo plazo que apunten a alcanzar objetivos específicos. En esto, la continuidad y el compromiso de largo plazo son indispensables porque los problemas del cambio climático y la protección del ambiente no tienen solución inmediata. 

La política y la economía son dos ramas inseparables, pero que muchas veces la una impide que la otra prospere. El problema de la economía como ciencia es que ha estado al servicio del eficientísimo rentista, sin asumir las externalidades de se desprenden de este ejercicio técnico eficiente y se ha declarado incapaz de internalizar los costos que esa producción impone sobre la naturaleza. La política por su lado, ha servido para ejercer y garantizar la corrupción la permanencia del poder económico, en un ejercicio en donde las relaciones de poder de las entidades sociales son asimétricas. 

Esta asimetría se observa justamente a la hora de definir las estrategias de baja emisión de gases contaminantes que buscan la internacionalización de los costos ambientales, en donde se corre el riesgo de imponer a los países de menores recursos compromisos en el mejor de los casos similares a los de los países más industrializados. O cuando se plantea un proceso de re localización industrial desde los centros a los países con escasa regulación medioambiental.

En estos ejercicios se olvida el “principio de subsidiaridad, que otorga libertad para el desarrollo de las capacidades presentes en todos los niveles, pero al mismo tiempo exige más responsabilidad por el bien común a quien tiene más poder”.

De ahí que el Papa Francisco realice un llamado al desarrollo de una nueva economía, más atenta a los principios éticos y a una nueva política basada en la virtud, que no se someta a la economía y que cree los espacios para la participación de todos los estamentos de la sociedad y en toda su diversidad.  

“ Necesitamos imperiosamente que la política y la economía en dialogo, se coloquen decididamente al servicio de la vida, especialmente de la vida humana

Por tanto, “necesitamos una nueva política que piense con visión amplia, y que lleve adelante un replanteamiento integral, incorporando en un diálogo interdisciplinario los diversos aspectos de la crisis”. 

Según la Encíclica se debe entender la estrecha relación entre la política y la economía. Advierte que las fallas de la economía no siempre se pueden corregir con la política y viceversa. Por ejemplo; la quiebra de un banco no se soluciona con el rescate desesperado del gobierno porque, en caso de hacerlo, la política pierde credibilidad y en la sociedad aparece la desconfianza. De otro lado, si la política falla y no se cumplen las promesas, esta se deslegitima y esto no se soluciona con la aplicación de medidas económicas, porque la economía pierde credibilidad. Si la economía y la política no trabajan de forma conjunta terminarán inculpándose la una a la otra y en este proceso nadie termina por asumir la responsabilidad que le corresponde. 

Un tercer punto: hacia nuevas formas de vida / nuevos modelos de progreso

A partir de esta reflexión sobre los sentidos de la economía y el papel de la política, la encíclica hace un llamado a que toda la humanidad reoriente su rumbo hacia el desarrollo de una conciencia de origen común, al desarrollo de un sentido de pertenencia mutua y a la necesidad de construir el futuro de forma compartida. 

Este planteamiento entraña un gran desafío no menor: la construcción de “una conciencia cultural y ecológica nueva, fundamentada en nuevos hábitos y en nuevas formas de comportamiento”. Esto implica transformar el sistema educativo, “crear una ciudadanía ecológica que reaccione desde una transformación personal en todas sus dimensiones; y que todas se orienten de manera sistémica a fomentar una cultura de la vida y al cultivo de sólidas virtudes individuales y sociales”.

La espiritualidad cristiana, señala, es una espiritualidad ecológica, en tanto es una forma de pensar, de sentir y de vivir en armonía con la sociedad y con la naturaleza. Es una mística que impulsa, motiva y alienta, y que le da un sentido a la acción personal y comunitaria.  Pero, las iniciativas individuales no son suficientes ante los problemas sociales, son necesarias respuestas en formas de red, la convergencia de fuerzas, unidad de realización. La conversión ecológica es a la vez una conversión de la acción comunitaria.

Por ejemplo, garantizar una vida humana de calidad, requiere de un trabajo digno, de un mundo en el que la tecnología no deba ser utilizada para reemplazar al trabajo o al ambiente. “Es imperioso promover una economía que favorezca la diversidad productiva y la creatividad empresarial”. La actividad empresarial debe manejarse bajo los principios de justicia social; trabajadores con buenas condiciones laborales siempre estarán más satisfechos y tendrán un mejor desempeño; ganan los empresarios y gana la sociedad. 

 

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Etiquetas: Análisis

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